Los bebés que nacen bajo el agua pueden permanecer sumergidos en agua templada, con los ojos abiertos, sin atragantarse o agitarse. Parece casi imposible, pero los recién nacidos son grandes maestros en respirar plena y profundamente. Evitar respirar bajo el agua es para ellos un acto reflejo “de nacimiento” y lo perderán después del parto a no ser que sigan practicándolo de forma regular.

No en vano cualquier actividad física encuentra en la respiración un gran aliado. También lo contrario: suspender voluntariamente la entrada y/o salida del aire del organismo tiene importantes beneficios según lo enseña el Yoga desde hace millones de años. Precisamente la apnea es uno de los pilares de la cada vez más conocida Gimnasia Abdominal Hipopresiva. En otros deportes, como la inmersión acuática, es fundamental el control del aparato respiratorio y la apnea. Precisamente los bebés nacidos bajo el agua saben perfectamente cómo impedir la entrada de agua en los pulmones y reducir, simultáneamente, el ritmo cardíaco para sí concentrar el flujo sanguíneo  sobre todo en el tronco, donde están situados los órganos vitales.

Te regalo este pequeño ebook sobre el diafragma, el principal músculo de la respiración y casi nuestro segundo corazón (el diafragma es el segundo músculo en formarse después del corazón, alrededor de la cuarta semana). Desde mi experiencia me gustaría contarte su importancia y, sobre todo, cómo hacerlo feliz.

 ¿Conoces tu diafragma?

El diafragma es uno de los pocos músculos que se encuentra en el plano transversal, es decir, sus fibras se sitúan perpendiculares al suelo cuando estamos de pie. El diafragma nos corta por el medio, justo debajo de las costillas, hasta la columna lumbar. Va desde la séptima costilla hasta la decimosegunda, y abarca de la primera lumbar hasta la cuarta.

El diafragma es como un paraguas en medio de nuestro cuerpo que se mueve como una membrana, arriba y abajo, o como una ventosa, al ritmo de la respiración. Está agujereado, por dos grandes orificios, por los que pasan, entre otros, la arteria aorta, la vena cava, y el esófago. Rodeando estos orificios, hay como un aro. Se llama “centro frénico”, y es el que sube y baja, como una polea.

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