Creo que debemos estar aquí y ahora con todo, con todas las partes de nosotros mismos, nuestras emociones, nuestro inconsciente, con todas las relaciones de nuestras vidas, con las situaciones medioambientales que nos rodean. Así que sí, creo que simplemente debemos estar aquí y ahora, pero debemos estar aquí con TODO y con TODOS.

Ram Dass

Fue en una ceremonia de Temazcal donde Víctor sintió que el corazón se le paralizaba. Después de haber estudiado Psicología y algunas terapias alternativas Víctor seguía buscando la forma de aliviar su continua presión en el pecho. La prueba de esfuerzo y los análisis médicos estaban perfectos. ¿Es posible que su cuerpo quisiera decirle algo? Y si era así ¿Cómo entenderlo? ¿Cómo descifrar su lenguaje?

Víctor recordaba cómo desde niño había encontrado en su cuerpo una fuente inagotable de placer. Hambriento y voraz se entregó en cuerpo (y alma) a las drogas y al sexo para colmar sus ansías de intensidad. Aunque en ocasiones se sintiera empachado y agotado Víctor siempre quería más…. Tras veinte años de búsqueda insaciable apareció un dolor permanente en el pecho y rigidez en el cuello. Llegaron el insomnio, la ansiedad, la asfixia y el pánico.

En un círculo de hombres -unos encuentros mensuales a los que Víctor asistía para apaciguar su búsqueda insaciable- propusieron realizar un retiro de YogaMeditación. Víctor intuyó que era la oportunidad de escuchar -y quizá también entender- a su cuerpo.

En una sencilla casa entre las montañas y el mar una doctora en Psicología, antropóloga y profesora de Yoga, Mariana Caplan, les dio la bienvenida con el primero de los Yoga Sutras de Patanjali: «Atha yoga anushasanam (Ahora volvemos a empezar)».

Durante la práctica de las asanas Mariana les proponía ir despacio. «Cuando te esfuerzas físicamente en una postura dispones de menos atención para explorar el nivel psicológico de tu experiencia -les explicaba con calidez-. El cuerpo te comunicará señales y pistas para que de manera progresiva vayas liberando y procesando tus emociones mediante pequeños ajustes internos. Suele decirse que la distancia más larga del mundo es la que existe entre la cabeza y el corazón. No obstante, incluso esta conexión no es sino el principio del viaje hacia el cuerpo«.

Practicar Yoga es una forma de amor por uno mismo

Según transcurrían los días Víctor se sumergía en su cuerpo como vehículo de autoconocimiento y sanación, y así fue descubriendo una voz dulce, serena y delicada para hablarse a sí mismo. Mientras practicaban la asana de la Montaña (Tadasana) Mariana les invitó a cambiar la postura de las manos y autoabrazarse (en vez de ponerlas juntas delante del pecho en namaskara mudra)». En un pacto de confidencialidad Mariana les confirmó que «el amor por uno mismo no es frívolo ni desmedido sino en realidad necesario… Cuando practicamos Yoga estamos ante una forma directa y manifiesta de amor por uno mismo».

El último día del retiro Mariana les leyó un antiguo poema épico indio del Ramayana, en el que la princesa Sita escribe a su gurú y amante, Rama:

El amor es más grande que el odio.

El amor es más grande que el miedo.

El amor es más grande que la duda.

El amor es más grande que la impaciencia.

El amor es más grande que la desesperación.

El amor es más grande que la rabia.

El amor es más grande que cualquier dolor del cuerpo o la mente.

El amor derrota la soledad

El amor derrota el orgullo.

El amor derrota los celos.

El amor derrota la muerte de la madre y el padre.

El amor ciego me ha visto

en cada rincón del infierno.

Y sólo el amor

prevalecerá.

 

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